Categoría: De los Catárticos
5 Noviembre 2008
Por: Ivi May
(Tomado de: http://www.poresto.net/cultura/5166-del-silencio-hacia-luz-un-mapa-poetico-de-mexico-desde-yucatan , la versión en la Red del periódico Por Esto!, del 5 de noviembre de 2008).
La compilación es uno de los trabajos más difíciles que un editor o alguien dedicado a la literatura puede realizar por la polémica que suscita, en primer lugar porque sus compilados siempre estarán sujetos a los más rigurosos escrutinios por parte de los que fueron excluidos de la edición.
Cualquier criterio a seguir siempre tiende dejar fuera a muchos o por el contrario incluir a tantos. En el 2004, junto con Adán Echeverría, me di a la tarea de compilar Nuevas Voces en el laberinto. Novísimos escritores de Yucatán nacidos a partir de 1975, el cual fue publicado por el Instituto de Cultura de Yucatán en el año 2007 y en el que se incluyó a estudiantes de la Modelo, UADY, Jalapa, del Centro Yucateco de Escritores, del Programa de Salas de lectura, del taller Castalia, del taller literario de la UADY coordinado por Joaquín Bestard, entre otros, todos yucatecos y jóvenes que se encontraban trabajando y publicando o al menos esbozando un compromiso con la palabra escrita.
Adán Echeverría llevó la idea de la compilación hacia el extremo y maquinó la idea de conformar un registro de las voces poéticas de México. Para eso, pensó, había que hacer un mapa en el que se situara a las voces, pero había voces que siempre eran apagadas por los compiladores por la falta de páginas y los costos. Una edición cuesta, así que es mejor compilar a partir de una delimitación geográfica o temporal muy limitada (una década o un estado de la república por ejemplo). Fue entonces que Echeverría pensó en la opción muy finales del siglo XX y principios del XXI que es el compacto, la versión digital.
En estos tiempos todo Borges cabe en un CD, así que el registro de una generación mexicana podría caber en un compacto, por lo que sería posible hacer un mapa poético con todos los escritores de la república mexicana (ambicioso y descabellado, por lo mismo interesante y atractivo) y entonces abrió la convocatoria para el monumental Mapa poético de México, del silencio hacia la luz. Poetas nacidos de 1960 a 1989.
El proyecto es ambicioso, habría que poner las reglas. De entrada, ¿quién es poeta y poetisa? En cuántos talleres literarios no se han acercado decenas de jovencitas con sus cartas de amor en espera de que se conviertan en material impreso.
Los criterios que puso Adán Echeverría fueron simples; haber publicado aunque sea una plaquette de poesía o haber ganado un premio del mismo género (al menos a nivel municipal) y haber publicado en alguna revista indexada en el Sistema de Información Cultural del CONACULTA (SIC).
Por lo que se podrá notar, los criterios no son nada rigurosos y aquel que no haya ganado un premio municipal, no haya publicado en una revistita anexada a la SIC (que son tantas) o publicado una plaquette o participado en una compilación en su Estado, en realidad quiere decir que no se estaba tomando el oficio en serio, así que el descarte se daría por sí solo y la inclusión también.
Al final, tanto Adán Echeverría como Armando Pacheco, a quien el primero invitó para que lo ayudara en la compilación, lograron reunir a 669 autores, ordenados Estado por Estado en 7 volúmenes, por lo que el documento en formato PDF quedó listo para su distribución el 18 de agosto de este año y se ha presentado en Mexicali, Guerrero, D.F y el miércoles 29 de octubre se presentó en la Facultad de Ciencias Antropológicas en el marco de la semana de su XXXVIII aniversario. La presentación estuvo a cargo de la Maestra Cristina Leirana Alcocer, del MC Adán Echeverría (compilador), Lic. Lourdes Cabrera Ruiz y el Br. Carlos Castillo Novelo.
Hasta al momento se han repartido aproximadamente 600 Cds del documento, en el cual se prologa a los autores por Estado, por lo que hay una pequeña reflexión del trabajo poético de cada entidad desde la perspectiva particular de los invitados de Echeverría (gente inmersa en la literatura que habla sobre la poesía mexicana).
Sin embargo, a pesar de que en el Mapa poético de México se puede encontrar a las voces más importantes del país, desde los poetas jóvenes de México como Oscar de Pablo, Jorge Luis Bone, Francisco Alcaraz, Solís Arenazas, Julio César Félix, y las no tan jóvenes como Luis Armenta Malpica, Jorge Esquinca, Hernán Bravo Mena, Jorge Lara, Roger Metri, poetas de diversos estados y de distintas generaciones, en muchos casos y como me tocó ver al menos en el Estado que me tocó prologar (Nayarit), algunos autores son representados por un solo texto, lo que difícilmente nos haga ver el panorama de un Estado o hacer un análisis de la poesía de cierto lugar. Por lo mismo, no podemos hablar de la poesía de Nayarit, de Sonora o de México si solo estamos ante una mínima muestra de ello, aunque hay que señalar que esto no demerita los otros alcances que este documento tiene.
Ambicioso, amplio, vasto, extenso, ilustrativo, es un viaje plagado de metáforas y de voces que nos hacen pensar que efectivamente la poesía en México existe y que hay voces jóvenes y sus respectivos artificios y los otros que se quedarán en esos dos o tres poemas ahí documentados.
El monumental Mapa poético de México, del silencio hacia la luz. Poetas nacidos de 1960 a 1989 se presentará en el Museo de la Ciudad (Antiguo edificio de Correos) el próximo 7 de noviembre a las 20:00 horas. La presentación estará a cargo de Patricia Garfias, Mario Pineda, Melba Alfaro y Jorge Lara Rivera, además de los compiladores.
Hay que señalar que este documento se logró editar gracias a la Catarsis literaria el Drenaje, el Centro Yucateco de Escritores A.C., Ediciones Zur y Letras en Rebeldía.
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3 Noviembre 2008
Pues si mis compañeros todos:
Todo lo que empieza alguna vez tiene que llegar a su fin. Hace ya algunos ayeres el buen Nelson Ibarra (Nelson Rrabia, ahora) se acercó a la puerta de mi casa para atosigarme con la lectura de sus poemas. Luego de que el mismo Nelson convenciera a las autoridades del Injuvy (ahora Secretaría de la Juventud de Yucatán), se decidió la realización de un taller de creación literaria, y fueron a visitarme, el mismo Nelson, ahora llevando consigo a Patricia Garfias. Así fuimos reuniéndonos sábado tras sábado, logramos algunas publicaciones nacionales con este taller, y zas... que algún tonto burócrata trata a los chicos peor que malandrines. Ahí va el adancito para hablar con él, e intentan sacarlo bajo el uso de las artes marciales, (jejejeje), al fin que nos abre las puertas la Biblioteca Pública Manuel Cepeda Peraza, y la hacemos nuestra casa, pasamos a ser el taller Grietas. Hasta acá habían asistido asiduamente unos 20 jovenes, ya se habían sumado además del Nelson y Patty, Ileana, Ruby Carbonero, Carlos Herrera, hasta que el último en sumarse en esta etapa fue el buen Mario Pineda. Luego el taller pasa a ser la Catarsis Literaria El Drenaje. Se obtienen nuevos logros literarios basados en el trabajo, la crítica, la lectura, Ileana comienza su trabajo en Conafe, en salas de lectura, ingresa Paty también a Salas de Lectura cuando sale Gerardo Hoy, otro compañero catártico. Al final del camino, se cuenta con premios Jorge Lara para sus integrantes, becas Foecay, publicaciones nacionales, antologías, y cada quien a seguir su ruta. Patty gestiona en grupo el apoyo para la publicación de Plaquettes, y estas se presentan con buena acogida, sobre todo la del Nelson Rrabia, jejejeje. Entran ya a formar parte del grupo Ivi May, Armando Pacheco, Eliza Castro, Jorge Manzanilla... otros que asisten, se desilusionan, y se alejan. Y al final, surge la diaspora, Gerardo deja de asistir, Ileana se va al DF, y poco a poco las reuniones terminan en la cantina, y ya no en la biblioteca. Falta de liderazgo, por supuesto, jamás he sido el líder de nadie, el coordinador del proyecto, porque creo en el trabajo de cada uno de estos compañeros. Al final se trazan las ideas para el Mapa Poético de México, y trabajo en él más de año y medio. Y al final, el documento ve la luz en agosto de 2008. El taller lleva ya año y medio sin sesionar, las reuniones fueron poco a poco mermando, las amistades haciéndose tirantes, estridentes, hasta llegar a estallar en golpes bajos. El fuego amigo no deja de caer, habrá que moverse. Sin embargo, todos aquellos que fueron parte de esta historia, todos y cada uno de ellos, saben las discusiones que se armaron, tendrán eso en el recuerdo, y eso, déjenme decirles, crea una satisfacción, inmensa. Bravo por todos y cada uno de los Catárticos en cada una de sus etapas. Ahora el proyecto se ha internacionalizado, apenas como una búsqueda editorial, las plaquettes de los compañeros que coordinó Patricia Garfias, y este Mapa Poético de México que coordiné, con el apoyo de Armando Pacheco.
Cada quien a rumiar sus furias.
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3 Noviembre 2008
Luego de que Patito Garfias decidió hacer público su enojo contra mi persona, mostrando el intercambio de correos electrónicos entre ambos, dejo estos datos de lo que la compañera, ex amiga, según sus palabras, esto es lo que la queridísima Garfias decía en diciembre de 2007:
Desde este humilde espacio bloguero de una humilde fan de Ely Guerra y del chocolate, va una felicitación gigante a mi carnal, mi hermano y mi papá, mi confesor y soporte Adán Echeverría.
En Hora buena Adán, ya salió pa’ dejar de quejarse por las deudas, a ver si llega algo por acá, yo quiero hace mucho un librillo del fondo de cultura que anda fuera de mi presupuesto.
La nota es que Echeverría ganó el Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos en su edición 2007, cerrando un muy buen año con un anterior premio nacional convocado por Tinta Nueva.
La pura neta la noticia, puesto que el poemario ganador era de mi conocimiento gracias a esas platicas tan chidas que ya extraño en los bares del centro de Mérida con unas chelitas y los taquitos de arroz que me hacían el paro con mis ataques de gastritis.
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Nota: hubiera querido mostrar una imagen de Adán y mía juntos, pero no logré encontrar esas fotos, no recuerdo en que carpeta estaban. No recuerdo donde dejo la mayoría de las cosas.
Y claro, es tomado de http://transmisionirregular.blogspot.com/2007/12/adn-echeverra-gana-los-juegos-florales.html
Lo chistoso, es que ahí mismo aparece una foto mía, que yo no le envíe a Patricia, y que claro, ella tomó de algún blog, donde seguramente yo la subí. Que raro, de eso es de lo que ella me acusa.
Y lo transcribo en este blog, creado por ella misma, y que ahora yo administro, porque, como en el stalinismo, ella pudiera eliminar todo rastro de que alguna vez tuvo una relación de amistad conmigo, como sus palabras dejan notarlo... ¿Qué son los amigos sino un poco de equivocación de la personalidad?
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5 Noviembre 2007
El amor a primera vista
Una mujer me contó que tenía una vida tranquila y casi arreglada (un novio, la familia, la escuela) y que por una circunstancia casual, estuvo en contacto con un hombre que, al momento de verlo, supo que todo terreno estable, había concluido.
En la literatura, es imposible dejar de encontrar el amor a primera vista, o como diría Ibn Hazm de Córdoba “Sobre quién se enamora por una sola mirada”. Concerniente, encontramos en la Biblia el caso de Jacob y Raquel, Hesíodo nos cuenta de Selene y el pastor Endimión, y sabemos también de Perseo y Andrómeda, Jasón y Medea. Mucho después Manón Lescaut en Francia y Ana Karenina en Rusia. Gabriel García Márquez escribe que Remedios la bella, tenía que andar con un velo sobre la cara, porque era tan bella que el que la veía, se enamoraba de ella, y en El Túnel de Sábato, ese amor a primera vista, tiene consecuencias mortales.
El amor, tanto en la literatura como en la vida, debiera ser una cuestión de fuerza, no de lucha. Cuando se avivan los sentidos ante el contacto de la figura amada, uno tiene que poder encontrar la esencia dentro de la figura, reconocer la cocidad, conocerla y sólo después de eso, amarla. Lo primero es un juego de sentidos; la impresión y sensación de placer ante la belleza. La fuerza logrará poder asimilar esa impresión sin quedarnos nada más con ella, sino contar con la voluntad suficiente para redondearla y abrirla hasta lo más profundo y suavemente; esto sólo puede ser por medio de la comunicación y de la suficiente entereza para dar.
Si permanecemos en el placer que resulta de la contemplación del “amado” y todas las variables de esto, es decir, si amamos con superficialidad, no lograremos más que tratar con un objeto. Fromm nos dice en “El Arte de amar”, que: En una cultura en la que prevalece la orientación mercantil y en el que el éxito material constituye el valor predominante, no hay en realidad motivos para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas sigan el mismo esquema de intercambio que gobierna el mercado de bienes y de trabajo.
No podría mencionar, como el autor de “El collar de la paloma” que existe amor a primera vista, pero sí, enamoramiento.
Antes de continuar dentro del tema, quisiera hablar sobre este libro apenas nombrado. Pues bien, “El collar de la paloma” es un tratado sobre el amor, escrito en el s. XII, en medio de perturbaciones sociales y cambios vertiginosos,circunstancias tanto de otrora, como denuestro ahoray, sobre, estoy segura, del mañana, justamente como el amor.
Como punto básico y de partida, Ibn Hazm de Córdoba, nos habla sobre la esencia del amor. Existen para él, diferentes formas del amor, o suertes del amor, tales como [...) el amor a los parientes [...) el que se debe a un acto virtuoso que un hombre hace con su prójimo; el que se basa en la codicia de la gloria del ser amado; el de los que se aman porque coinciden el la necesidad de guardar encubierto un secreto; el que se encamina a la obtención de un placer y a la consecución de un deseo[...).
Ninguno de estos casos son de manera propia “el amor” porque padecen los accidentes de los objetos, así que ese amor disminuye y crece y puede, además, desaparecer. Para el autor, la esencia real de este asunto no puede crecer o decrecer porque no es un objeto, sino una cualidad.
Ibn Hazm cree que son las afinidades las que construyen el amor, y hablo de construcción porque me parece que toda relación es una disposición al cimiento, a la comunicación y comprensión que nos llevará a colocar la base, para que después, por medio del respeto y entendimiento de las diferencias y afinidades, se elabore el castillo.
No es mi intención, en el presente trabajo, hablar sobre la vida de este escritor Cordobés. Porque podemos leer para esto a Emilio García Gómez. Sin embargo doy, algunos datos necesarios, antes de continuar.
Ibn Hazm de Córdoba, nace el 30 de ramadán del 384 o el 7 de noviembre del 994 de nuestra era.
Detrás de la realización del libro que nos preocupa, obra que el autor, elabora a los veintiocho años, hay una familia ubicada en el poder, pero alimentada de engaños a causa de sus antecedentes cristianos que debía disimular. Hay una niñez atravesada por los rubores de las mujeres del harem; telas, cepillos y libros sagrados. Una juventud entre "amistades particulares". El ímpetu de la ruptura, el hartazgo de la linealidad, la búsqueda de un muro que sucumba después del verso y el estudio. Existe una revolución, una familia como un árbol cortado por el hacha y que al definir la caída, se alarga de dolencias. Emigración, complot, cautiverio, asilo y collar de la paloma.
Después de este libro, hay un [...) gigantesco esfuerzo intelectual [...) la aterradora cifra de 80.00 folios escritos de su mano, formando 400 volúmenes.
Regresemos. Dentro de la tierra fértil, cae una semilla. Que las lluvias lleguen a tiempo, que la planta no sea devorada por insectos o pájaros, que el árbol crezca, y sea regado, y se llene de frutos; es otra cuestión. El primer momento es el enamoramiento, lo demás es el camino al amor. Y caminar ese sendero, también es amor.
Hay que dar paso al conocimiento del alma de la persona. Como Ortega y Gasset nos dice “No se trata de que coincidan las ideas, sino las vidas.” Aquí está la esencia del amor y no debe confundirse con [...) la experiencia explosiva de "enamorarse" [...] ya que [...] tal experiencia de repentina intimidad es, por su misma naturaleza, de corta duración.
Para poder amar a otra persona, debemos sabernos su igual en esencia. Debemos poder respetarnos y amarnos a nosotros mismos, para poder salir al mundo y encontrarnos, en esencia, iguales al mundo que nos rodea. No se trata de un igualdad de estandarización, sino una igualdad como seres humanos.
Barthes nos dice en “La dama de las camelias” que: La diferencia de amores proviene sin duda de una diferencia de lucidez: Armando vive una esencia y una eternidad de amor; Margarita vive conciente de su alienación: se sabe y en cierto sentido quiere ser cortesana. [...] la conducta de Margarita proviene de su condición, no de su esencia [...].
El amor, entendido por Fromm, logra que nos unamos a otra persona y superar el aislamiento; de esta manera, superarnos a nosotros, porque el amor permite reconocer nuestra integridad, es decir, conocernos.
I
Fue la primera en llegar a la sala. Era un sitio cerrado. La luz pegajosa hacía que el calor zumbara en las paredes. Dejó su libreta y las copias de un texto sobre una mesa rectangular y cubierta por un mantel de plástico. Sintió su espalda húmeda al contacto de una silla acolchonada y marrón. Se sujetó el cabello y prendió un cigarrillo mientras intentaba recordar los versos de “Piedra de sol”, para aligerar la espera.
Él entró a la mitad del cigarrillo, llevaba en la mano, “La estación violenta”.
-Soy Adán.
-Soy Eva.
Ella había decidido no salir aquel sábado con su novio. La iniciativa de ponerse a trabajar en lo que llamaba su literatura, era más fuerte que cualquier tarde con aire acondicionado y moka frapé. Pero en ese momento, con la sala cerrada y las paredes que parecían sudar, [...] su corazón, que todo el año había funcionado a intervalos precisos y regulares, da un brinco y empieza a palpitar violenta e irregularmente dentro de su pecho.
-¿Quieres un cigarro?
-Tengo un bebé de cuatro meses..
-Bien.
A los dos se les enfriaba el pasado y en el presente las manos sudaban. Llegaron los demás integrantes del taller y se comenzaron a leer los textos.
· Sobre la correspondencia
Hay en el escribir cartas un placer dado por el descubrimiento que hace de sí (como rasgo de un movimiento que parte del amor) el amante frente al amado.
Se escribe para reconocerse a uno mismo, de manera conciente o inconciente, y en este caso, reconocerse en el amado, en las sensaciones que provoca evocar y dedicar algo al amado. El amado provoca en la soledad del amante, un amasijo de sensaciones que por medio de las pinzas de la palabra, pueden desdoblarse en oraciones.
Cuando digo las cartas, entiéndase los correos electrónicos, que son lo que más se aviene a esa ya casi extinguida usanza. Lo cierto es que son las palabras, en donde la caricia se prolonga, pero no sólo en ellas. Hay que ver el mensaje, detrás, delante, debajo y sobre las mismas palabras.
A veces se dice Te extraño, otras Te pienso, y más acertadamente, Te encuentro aquí, no te has ido. Una persona que vive el amor, debería optar por esta última, porque el amado no es una presencia física, sino la unión de las esencias.
En el momento en que Ibn Hazm de Córdoba nos habla de la correspondencia, sabemos que la utilidad de la misma, fue del todo distinta a la que le dieron nuestros abuelos y a la significación que tiene para nosotros, seres de la mediocre posmodernidad mexicana, hecha de computadoras caducas y ciber cafés.
Nos dice el autor que [...] la carta [...] sirve de lengua al amante, cuando éste se encuentra impedido para hablar o sufre sonrojo o timidez. Y esto nos conduce a la expectación. La respuesta es lo que espera el amante, y mientras esto ocurre, repasa de forma mental, cada línea escrita. Puede encontrar palabras que hubiera deseado no escribir, o que se alegra de haber encontrado. Lo cierto es que el hecho está consumado y solo queda esperar.
II
Octubre
Adán
Ya no podré dejar de ser Eva, mirarme si no es a través de esos ojos cafés que son las lindes de este cuerpo, este cuerpo que no es más que la prolongación de tu grito. Amor, el día se pone gris y mi cabello es una luna; la boca un palpitar que se muere sin tu sombra; siembras a cada instante tu aliento en mis nudillos. Quiero que ese tu olor de atardecer marque mis pautas y clavículas. Amor, vámonos a morir sobre las calles, vámonos a romper ladrillos y subir sobre la palabra. Sé que estaremos siempre juntos porque ya no puedo permitir que otro cuerpo se apodere de mi voz, que otra mente ansíe penetrar por mis manos hasta la mansedumbre. Toda mi laxitud y fortaleza no son nada si no puedes mirarme con ese tu rostro perdido en las edades, en este tiempo que no es ni tuyo ni mío. Nos hemos anclado el uno al otro. No me deshabites en este mar de polvo y ventanas de metal, no me deshabites en esta marea de astillas y la inmovilidad del árbol. Se mi raíz, mi marea roja y la falta de conciencia, se mi conciencia clara y terquedad.
El intercambio, es inherente a las relaciones humanas.
El Cordobés nos cuenta de una pareja que al escribir sus cartas, mezclaban tanto sus lágrimas como su saliva y de esta manera sentían que permanecían ellos en las cartas. Y aunque Fromm nos diga que Los autómatas no pueden amar, pueden intercambiar su <<bagaje de personalidad>> y confiar en que la transacción sea equitativa. Rattner escribe que Debiéramos tener el valor de afirmar que el amor no es “desinteresado”. Es un interés cordial el que nos infunde la simpatía para con un Tú. Pero esto debe partir de un presupuesto de conocimiento y amor a uno mismo, para que el intercambio no sea una exigencia u obligación, sino un placer. El Yo encuentra que su felicidad es dar a un Tú.
· Sobre la ruptura
¿Existe la ruptura en el amor? No. El amor permanece trenzado a la personalidad del amante. Esto es así, porque el tema que tratamos, lleva implícito en su desarrollo el crecimiento de la persona que lo vive, y este crecimiento es la consecuencia de alimentarse del amado y con el amado, por lo tanto; cuando por diversas circunstancias ellos deben separarse, la vida del verdadero amante, estará, por decirlo así, intoxicada para siempre por la del amado. Jamás te recuerdo, porque nunca te olvido, dice Bunbury.
Ibn Hazm narra diversas circunstancias que llevan, en su opinión, a la ruptura. Yo llamaría a esto, diversas situaciones que producen la lejanía.
Veamos lo que en relación anuncia el escritor Cordobés.
a) PARA GUARDAR DE LA PRESENCIA DEL ESPÍA
El enamorado vive al borde de la recreación de la persona amada o padece la pasión. El amante se topa con el amado en cada accidente de la cotidianeidad. Se le confunde con cualquier transeúnte, se piensa en él durante la comida, durante la música, en la lectura, debajo de la regadera y de la noche. Esta sensación es una de las que más nos une con el amado, porque no orilla a interrogarnos sobre cada actitud de él, de nosotros frente a él y de esta manera, se provoca una cercanía más fuerte. El amor implica conocimiento; de uno mismo, de lo que nos rodea y del amado. La lejanía para escapar del espía, anuda a los amantes.
b) LA RUPTURA OCASIONADA POR LA COQUETERÍA
Esta es una estrategia que no ha sucumbido al paso del tiempo. Se puede hablar de la característica (innata o educacional) del hombre, como ser cazador. En realidad es mucho más que eso. Somos seres primitivamente posesivos, deseamos lo que no tenemos y en este caso, al amado. El amado por su parte, desea constatar la constancia del amante, y mucho más; desea medir su poder y encontrar qué tan valioso y significativo es él para el amante, por eso busca ser perseguido. A lo largo de la vida, el ser humano desempeña casi invariablemente, los dos papeles, pero nada de esto es el amor, sino como he dicho: enamoramiento.
El amor tiene que superar la idea del objeto amado, y encontrar la esencia. Es entonces cuando la caza llega a su fin. La unión de las esencias es una búsqueda que implica voluntad, no persecución. Se ama aquello por lo que se trabaja, y se trabaja por lo que se ama. Escribe Erich Fromm. Y Paz dice en “Máscaras Mexicanas” que [...] pocos coinciden en la entrega y más pocos aún logran trascender esa etapa posesiva y gozar del amor como lo que realmente es: un perpetuo descubrimiento, una inmersión en las aguas de la realidad y una recreación constante.
III
[...]entran en el amor paso a paso, con aturdida conciencia, como un par de niños que se aventuran juntos en un cuarto oscuro.
Hubo hotel con camas gemelas, e hileras de cigarrillos que colgaban de un calendario en el cuarto de Eva. “Es que quiero ser alguien”, le decía a su novio mientras se tomaba unas pastillas para el dolor de cabeza y se despedía de él, en la pequeña sala con cuadros familiares, para que pudiera encontrase más tarde con Adán.
Mientras la esposa de éste cuidaba que la leche estuviera tibia, y que el niño no llorara cuando Adán se encontraba frente al conmutador.
Un domingo (día que los amantes dedicaban a sus familias), Eva quiso ir a la plaza de la provincia, sola, entre los niños y payasos. Se detuvo ante una improvisad galería, en donde el pintor exponía cuadros de puertas, de colores oscuros y sombras triangulares. Vio acercarse a un niño que parecía dar sus primeros pasos. Un niño cuyo rostro ella había acariciado sobre plata gelatina. Retrocedió. Quiso estar entre los cuadros familiares y al volverse vio a Adán de la mano de su esposa; una mujer delgada y difusa contra el repiqueteo de las campanas de la catedral. Él pareció no verla y ella se alejó.
“¿Qué te pasa niña, que no ves el semáforo?”.
Noche y hotel de camas gemelas. Cada uno leía a Emily Brontë y ambos detuvieron la lectura en el momento en que Heathcliff decía ¡No puedo vivir sin mi vida! ¡No puedo vivir sin mi alma!
-Adán, me voy.
-¿Por qué?
-Quiero estar tranquila.
-¿Para siempre?
-Sí.
-De acuerdo.
c) LA RUPTURA QUE SOBREVIENE COMO REPROCHE POR UNA FALTA COMETIDA POR EL AMANTE
[...] Amar no es descansar uno junto al otro, sino una lucha amante y una superación de los conflictos para lograr una unidad que debe conquistarse cada día. Deberíamos comprender que el amor, no es vivir en el país de la leche y de la miel, sino una confrontación con uno mismo y el amado, para subir por las escaleras que los harán uno, y dos.
Ninguna relación que se jacte de verdadera puede verse liberada de percances, pero si dichos son superados, entonces se obtiene de la disputa un conocimiento nuevo y por lo mismo, placer. Paul Ricceur en “El mal” puntea que [...] algo tiene que morir para que nazca otra cosa más grande. En este sentido, la desgracia está en todas partes, pero en todas partes superada, en la medida en que la reconciliación prevalece sobre el rompimiento.
d) EL HASTÍO
Nos encontramos en “El collar de la paloma” que: El hastío es una de las cualidades innatas del hombre. Y me preguntaría ¿Es el hastío un característica de un ser que ama? No.
El hastío incapacita para conocer el odio o el amor, por lo tanto, impide ser un amante, si acaso se puede ser un mal amado. Y muy probablemente un ser angustiado, que no se acerca al amor, por miedo.
Si el hastío es la carencia de estímulos que nos hagan vivir el amor más allá de los cinco sentidos, no puede decirse, sino que esto es producido por una coraza creada a causa de la falta de relaciones amables, o desilusión ante ellas. Porque Todos los hombres solitarios y aislados no han podido en su mayoría aprender [...] a vincularse con otros hombres.
No puede existir entonces una ruptura a causa del hastío, sino una imposibilidad para amar y ser amados, con toda libertad, sin miedos y entendiendo que el amor es un poder que produce amor.
e) LA RUPTURA OCASIONADA POR EL ODIO
No recuerdo bien esta frase, pero en algún lugar leí que el odio es como un huracán; llega, destruye y se va. El amor sí es eterno, pero cierto que no odias a alguien que no te ha tocado y que no ha compartido contigo parte de su vida. Mientras más fuerte es el amor, es seguro que más destrozos dejarán los vientos. No quiero extenderme mucho en esto, y no porque pueda decir que no he odiado, eso sería por entero falso. He odiado, he tenido ganas de matar, ganas hasta de destruir los antepasados de mi amante, pero ahora no recuerdo esas sensaciones y por lo mismo, será difícil que hable de ellas. Cuando el odio pasa, queda en su lugar el reposo del amor, en donde se encuentra la esencia de la persona amada.
· Sobre el olvido
IV
Estaban siempre detenidos y se miraron desde lo más profundo de un café, donde las meseras eran personas que sabían que ellos eran uno, mientras se secaban el sudor con pañuelitos rosa.
-¿Quieres regresar conmigo?
-Sí, pero tengo frío.
Y afuera los consejos resbalaban antes del baño. Los huesos más que chocar, danzaban una penetración sin goznes ni luz apagada.
Se levantaban en camas alejadas. Desayunaban cereal o las pestañas del amante rescatadas de algún recuerdo. Y, permanecían divididos como una ciudad atravesada por las sogas para tender la ropa. Porque él abría el refrigerador en una casa extraña para ella, y ella recibía una visita con manos, falsamente tibias. Y ahí se encontraban los espejos borrosos.
Vemos en el Eclesiastés: Un tiempo para nacer y un tiempo para morir. Un tiempo para esparcir piedras y un tiempo para recogerlas. Un tiempo para amar y un tiempo para odiar. Y el escritor de Córdoba señala que [...] todo amor ha de terminar por una de estas dos cosas: o porque la muerte lo interrumpa o porque venga el olvido.
Este olvido del que nos habla el autor, no es más que la falta de lucha; cobardía para hacer del amor un animal vivo, un espíritu que respire y se eleve. En cualquier circunstancia en que se encuentre presente señalado caso, puede deducirse que no hubo amor, porque si alguien cambia y en verdad crece con el amado, se vuelve un Tú, sin dejar de ser Yo. Así, el desierto del olvido es inasequible.
Dónde hay olvido no hay amor. Y olvido no es lejanía, es resequedad del espíritu.
El olvido por resignación, tampoco es olvido, sino llanamente, resignación. Si el amante, a causa del rechazo, decide alejarse del amado, a pesar de todo, permanecerá el amor, por el amor mismo (amo porque me alimenta amar, no para que alguien me ame). Pero recuérdese a Octavio Paz: amar es combatir, es abrir puertas. Cualquiera que se diga amante, sin haber luchado, no lo es ciertamente.
V
-Me voy.
-¿Por qué?
-Quiero estar tranquila.
-Quieres estar tranquila... lucha conmigo.
-Me pides que luche contigo... y te quedas sentado viendo como me despedazo.
-...
-...
Habían visto como la luna se desinflaba detrás de los cuartos que daban al mar. Robaron juntos algunos libros de las bibliotecas empolvadas y al salir corrían a las esquinas rotas por el sol, mientras Eva colocaba la mano derecha sobre el sombrero azul para que no se le fuera a caer, y con la mano izquierda le apretaba la mano a Adán, y él corría a su lado, sin dejar de ver como el cabello castaño de Eva, se le pegaba a las mejillas. Entonces se detenían agitados, lejos de la biblioteca asaltada. Se apretaban uno al otro y se besaban los párpados. Le pusieran su nombre a un café que ya no era un café cualquiera, sino el Evadán, y se hacían heridas cuando se bañaban juntos, apenas acariciándose.
Sólo donde hay inmadurez, hay olvido. Dónde los amantes más que buscar el amor, buscan el reconocimiento. Sólo hay olvido donde hay limitaciones de condición, donde uno, que cree conocerse: no deja de jugar roles y papeles: estudiante, novio, empleado, esposo, novia, madre, trabajadora. En lugar de asumirse como ser humano, capaz de romper estereotipos y asumir la vida. Las relaciones que no logran esto, se encuentran infladas de una carencia de valentía, falta de cuidado y responsabilidad.
A fin de cuentas, en este trabajo lleno de múltiples insuficiencias, sólo es rescatable la idea del amor, como una fuerza que devora las debilidades y nos hace conocer y reconocer, el mundo.
servido por eldrenajeliterario
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5 Noviembre 2007
Las tardes ya se acuestan
sobre los pedazos de sol que disimulas
ha quedado un rostro de frente al firmamento
y una voz en la distancia que incita a pensar
en la caída de las hojas
Todos se han llenado de regocijo por la presencia del cadáver
y esa luz que se empecina en lamerle los labios
Todos se han dorado las espaldas con el fuego amigo
y nada de palpitaciones en el pavimento
Siempre las distancia
las hojas que se alejan con sus giros
y el pardo cintilar de las nubes
que se arrancan las nostalgias mientras reparten sus caricias
sus contraluces hacia todos los rincones
servido por eldrenajeliterario
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5 Noviembre 2007
(Apuntes sobre diversos ensayos mexicanos)
Sobre la tristeza
Hablamos de la tristeza, pero no hacemos más que sostener la palabra, como si con ella se dijera todo. ¿Y por qué ese enorme lugar común de situar a la tristeza en medio de campos grises y lluviosos? ¿por qué hacemos la relación inmediata de la lluvia con el llanto y la inmovilidad con la pesadumbre? ¿Acaso no hay tristeza en aquellas ciudades donde el sol es una culebra que inyecta su veneno a todos los transeúntes, ciudades en que la gente se detiene en las esquinas y se seca el sudor con la mano, donde las personas no pueden ver más allá de sus pies porque la luz da latigazos que les hacen recordar que están solos y tienen que caminar con la cabeza agachada? ¿Acaso no hay tristeza en aquellas ciudades en donde la gente deambula con ropas coloridas, deja su sal en los asientos del camión, bebe agua y siempre la temperatura les come las amígdalas, la espalda y a cada instante el calor les recuerda que tienen que huir hacia la oscuridad, hacia las viviendas espesas que se achican y gotean debajo de la mano demoledora de un rey asesino?
Yo nací en Mérida Yucatán, o la ciudad blanca, o la ciudad astillada por el sol. Yo me desvanecí mil tardes y le tenía miedo al medio día. Y tomaba botellas y botellas de agua que sentía que se desparramaban a través de mis poros, sobre el espejo, sobre las paredes, en ventanas que abría para comprobar que no estaba en el infierno ni pagando pecados, sobre esos pórticos que me aseguraban que sí, que yo estaba en el infierno. ¿Cómo entonces salir a jugar y correr y agitar las manos? No, yo me quedaba bajo el resguardo de una hacienda de techos altos, entre mapas, estantes, y palabras como un gotera sobre el cráneo.
No conozco las ciudades de las que habla Vasconselos. Para mí, el frío, la lluvia, los días nublados que he vivido en la ciudad de México, en su Reforma de autos que se deslizan a través de la necesidad y del frío, en medio de abrigos y mujeres gordas que lloran junto a un semáforo y contestan el celular, delante de policías que ordenan el tráfago fuera de sus impermeables, pero nunca dentro de ellos; esos días nublados los entiendo como mágicos, como llenos de un enigma que todavía no puedo reconocer. Me muevo en medio de los días negros como se movería un papalote en la mano de un día con aire y a campo abierto. Yo me elevo y agito en los días negros como se agitaría un zopilote al presenciar la carne corroída. Porque no son los días grises, ni los soleados, ni las ciudades calurosas, ni las frías, las que son tristes, sino el ser humano.
La ciudad y el día son cosas que cobran la vida que uno le imprime. Es la vida de un hombre la que es triste, no el día, no el escenario. Un ser que es triste se encuentra melancólico frente a una fuente con tres niños que se han metido a bañar y juegan con el agua sucia y las palomas. Un hombre alegre ve la limpieza y la posibilidad. Un hombre pesado aprehende la suciedad y la imposibilidad.
¿En verdad es a costa del daño que se deforma la sensibilidad? ¿Puede una ciudad ser la responsable del daño, puede la atmósfera de un día clavar alfileres en nuestro espíritu? Sí. Empero, debiéramos sentirnos afortunados los que pueden sentir esto. Aquellos que perciben como la tristeza se levanta debajo del polvo de los pájaros negros en las plazas soleadas, o como la tranquilidad y la alegría se depositan pausadamente dentro de los basureros mojados de la ciudad; son personas que no se han endurecido, que todavía pueden ver más allá de la cosa.
Cuando has tenido que hacerte duro para protegerte de la ciudad, de los días, y más que el día y ciudad en abstracto, lo que son, es decir: la gente que se mueve dentro de ellos; entonces ya nada puede tocarte, te has preparado para la indiferencia. El precio es que tú no puedes tocar nada y la indiferencia se ha preparado para ti. Sólo es posible vivir una gran alegría, cuando se ha vivido un gran dolor, como el negro sólo brilla y contrasta, cuando se halla rodeado de blancura.
Libros que leo sentado y libros que leo de pie
Puede ser que escribir sea un consuelo, una casa en donde el escritor se esconde del mundo. No obstante hace un mundo, hace tan en serio un mundo, que después también tiene que escapar de él, porque como dios, no puede más que llenarse de tristeza por sus creaciones y si no puede alejarse, entonces terminará mandando rayos y causando diluvios, es decir, acabará con la vida de sus personajes.
Un libro, cuando se escribe y cuando se lee, se comienza con la inquietud propia de la exploración y el anhelo de descubrir. Un mal libro es aquel que no puede enseñarle nada al propio creador, ya no digamos al lector. Un mal libro es aquel que se detiene donde comenzó, porque no arrastró al escritor al otro mundo, o propiamente, a su mundo, sino que lo dejó en la llana realidad, en la superficie.
Cada día es un libro que no se ha escrito. El mundo en el que el escritor trabaje será el desenredo de sus ilusiones y desilusiones del mundo del que parte, de su exterior, pero trasportadas a su interior, de tal manera que las desilusiones e ilusiones se alumbran con una lámpara de mil focos y son la realidad; denuncian y esclarecen lo que dentro de nuestro nado, en las superficies, no alcanzamos a ver. El escritor ve en los objetos concretos, los símbolos de la finitud y la infinitud del hombre, su grandeza y su pequeñez están demostrados en la manera en que el personaje pone los platos para la cena. El escritor vive la desilusión de la tierra que lo apresa, pero vive la ilusión de su mundo que lo eleva. [...]escribir libros es el triste consuelo de la no adaptación de la vida. Nos dice Vasconselos, sin embargo debemos saber que es también la creación de la vida, la desocultación de la esencia de la cosa, nos diría Heidegger.
Yo tengo vértigo cuando pienso que a lo mejor, nunca debí de haber abierto ningún libro, nunca debí de ir más allá de lo aceptable, de lo mediocre, a lo mejor ahora estaría más tranquila; un diccionario sería un diccionario, una esquina igual a una esquina, una mujer de ojos grandes, sólo eso, y no la vida y la muerte, y no escaleras interminables y una caída profunda en el tiempo. No lo sé.
Hacer un libro y tomar un libro es una sacudida, es permanecer en el corto circuito, en la imposibilidad de dormir. Ya jamás se podrá dormir después de haber conocido un buen libro, porque éste despierta a la gente que lo ha tomado en sus manos. Un buen escritor penetra en las venas de quién lo conoce, se remueve dentro de ellas como un renacuajo en el un pantano, como una lagartija venenosa que se dirige al corazón. Nada es como debiera de ser. Y todas las puertas que conocíamos, de pronto sólo son una serie de burdas pinturas sobre la piedra, que comienzan a despintarse. El lector, el buen lector, el contemplador, tiene ahora que ponerse a cavar en la roca viva.
Uno renuncia al mundo, sólo cuando puede sostenerse en la verdad del mundo, la verdad de la creación del mundo. La renuncia al mundo es más que nada, la renuncia a la mediocridad y el acceso a la lucha constante entre lo que nos atrapa y nos libera, todo esto para conducirnos a la búsqueda de la verdad de las cosas. El libro siempre es un oráculo para el artista y el mundo y, revela lo que es el artista, y el mundo. Si debemos abandonar al mundo, es para encontrar la verdad, y cuando hallamos llegado a ella, habremos regresado al mundo, en verdad. Pero ¡ay del que, vive para lo exterior [...] y no renuncia y no muere; pero porque todavía no nace o renace.
Obra maestra
I
Se levantó a las dos de la tarde, después de haber sujetado una pesadilla de carreteras y bebés desnudos. Permaneció un momento en ella la sensación del para qué y, sin embargo, abrió la regadera. Había que moverse para no sentirse angustiada e inútil. Decidió dejar el cabello suelto para que se secara con rapidez. Tomó el vestido de los domingos que colgaba en un rincón, en un rincón de aquel cuatro que se reducía alrededor de ella, y sin ventanas.
Después de pintarse los labios, cogió la mochila y salió para dirigirse al mercado de Coyoacán. El sol metió las manos agudas dentro de las pupilas de la mujer, y recordó que su sombrero azul estaba desaparecido. Bajó las escaleras del edificio hasta llegar a una puerta roja, detrás de ella había un pasillo lleno de ruidos de perros domesticados y niños que jugaban. Al final una puerta azul y al fin, la calle.
No pudo sonreír porque los carros estaban atareados en buscar un lugar dónde estacionarse y sonaban el claxon sin interrupción, los pequeños hablaban de helados, las parejas la cruzaban con sus labios exhibicionistamente húmedos, y ella se iría a comer sola al mercado de Coyoacán, por eso no pudo sonreír. Al menos tenía un libro en la mochila.
Iba siempre al mismo puesto, y esta vez no quería ver más que sus pantorrillas y zapatos surgir de las ondas del vestido, así que caminó con la cabeza baja, mientras el cabello dejaba sobre los hombros, gotas heladas y la sensación de frío. Entró el mercado a través de puestos de ropa típica, mujeres rubias, el parloteo de los vendedores que ofrecían sus mercancías y los niños que pedían siquiera para un taco. Llegó al área de cocinas, la mesa de siempre estaba disponible. Sólo una silla, un mantel de plástico de cuadros amarillos con blanco. Una mujer cantaba y se movía entre las mesas. Hoy tenemos consomé de pollo o sopa de abas, ¿qué va a querer? Consomé por favor.
Abrió un libro apenas empezado de Rattner “Psicología y sicopatología de la vida amorosa”. Removió las verduras humeantes y la música rasposa de la garganta de la mujer, con el descubrimiento de que chuparse los dedos durante la lactancia, es una actitud sexual, y se chupó los dedos, entonces río y comenzó a masticar.
“Debemos tener el valor de afirmar que el amor...” Leía horas después, en una cafetería lejana a la tranquilidad. Mejor estar fuera de ese cuarto en donde dar dos pasos era suficiente para acabar con todo el territorio, y donde ya había realizado el aseo del domingo, y se había vuelto a bañar para relajar el cuerpo y no dormirse de soledad y falta de llamadas telefónicas. En el café también estaban las parejitas y los niños y la gente que criticaba a los fumadores. El amor..., se dijo, comiendo un helado de moka y estirando hasta el final, el último rostro de su pareja, que no la veía comer un helado de moka, ni el moviendo de sus ojos sobre el libro, ni la heladez del color del vestido y de sus manos.
Estuvo en el café hasta que oscureció y pensó en otro baño, pero atravesó de nuevo el pasillo, ahora casi silencioso, abrió la puerta roja y subió por escaleras que se estrechaban como un embudo boca abajo. Llegó al cuarto, prendió la televisión y antes de entender lo que se trasmitía, cayó sobre las almohadas sin apagar la luz, y durmió.
II
El soltero es el tigre que escribe ochos en el piso de la soledad. Auque parezca obvia la afirmación que haré, es necesario retomar lo obvio, porque es justamente por su familiaridad, que la perdemos y desentendemos. La soledad no es estar solo.
Uno escribe ochos en medio de las masas cuando no ha podido liberarse de uno mismo, uno choca con las multitudes como murallas eternas, cuando no ha podido superar su egocentrismo y darse a otro. El tigre es un niño que tiene miedo de salir y que a fuerza de estar encerrado se lastima a sí mismo, aporreando su cola contra los garrotes.
Creo que jamás podría ser una buena madre. Para mí esa es la responsabilidad más grande que existe. ¿Cómo dar vida sin pensar en darlo todo por ella? ¿Cómo puede actuarse con egoísmo, con envidia, con violencia, con rencor, y al mismo tiempo pensar en tener un hijo? No he podido librarme ni de la violencia, ni del egoísmo y en resumen, tengo miedo y ninguna virtud. Creo que jamás podría ser una madre. Sin embargo mis hijos existen. Yo no he dejado de costurar un pañal para ellos, porque tomo una hilera y una aguja para caminar.
Mis hijos son cada letra que he dejado en el papel, porque éstas se alimentan de mi sangre. Cuando siento sus cuerpos frágiles removerse dentro de mí, dejo de ser un tigre acorralado por sus propias ideas y miedos. Libero las palabras, libero a mis hijos, los amamanto y me amamanto. Ya no choco con el mundo, porque soy el mundo.
Fresnos y Álamos
Había una palmera en el jardín, después la cortaron. Recuerdo poco de mi infancia aunque mi hermana me hable por teléfono y diga que está en nuestro cuarto, recordando cuando éramos niñas. Mi hermana gemela y yo, a pesar de esta falta de memoria, seguimos escuchando un árbol amarillo en las arterias de la tarde y estamos unidas por el olor de las nubes cargadas, y mañanas calurosas. Cierto que vivo a muchos kilómetros de dónde ella, pero la presiento cuando me baño; sé que la distancia que hay de mis rodillas a los tobillos, es casi idéntica a la de ella. Mi ropa le quedaría perfecta aunque no le gustaría, como a mí la suya. Ella se sostiene en una casa de interiores amarillos, escaleras blancas. Una casa que empequeñece cada vez que vuelvo a ella, pero que también florece de grietas y de gritos pretéritos.
La historia de mis cambios, es la historia de la caída de esa casa en la colonia Esperanza. La historia de mis cambios, de esta piel desgajada en la palidez, del pantalón que ahora llevo continuo a mi mal humor y el cigarrillo, la historia de mi adicción al café y los padres que perdí, es la fotografía de aquella casa con rejas oxidadas y una pila rellena de polvo.
Sé que no voy a morir acostada, porque no he vivido acostada. He caminado acosada por mis preguntas, por el por qué de las calles que se cierran dentro de mi soledad. Huí y me he quedado en todas partes, en reposo, enteramente agitada. No podría morir en una cama, en la pequeña cama de la colonia Esperanza. Me he ido de todas partes para tener el rostro despejado y las manos frías, pero sólo tengo el rostro pegajoso y las venas hinchadas de fiebre. No he vivido acostada. Yo sé que hubo un ayer, pero la intención no debe ser rescatarlo, sino desarrollarlo. Regreso a la casa [...]he abierto una de mis ventanas para que entre por ellas el caudal hirviente del sol. Y la lumbre sensual quema mi desamparo y la sonrisa cálida del astro incendia las sábanas mortuorias y el rayo fiel calienta la intimidad de mi ruina.
Palinodia del polvo
Ojalá estuviésemos lejos de ser hormigas. Veo como se abren escuelas y escuelas que prometen a sus egresados el éxito, veo que los padres motivan a sus hijos a estudiar para el éxito, veo a la gente preparándose para ser eficaces, veo planes de estudio que prometen hacer que los alumnos se enfrenten a los problemas del mañana con competencia. Competencia y eficacia y éxito como un círculo de hierro en que nos vamos encerrando, como un volcán diminuto en que nos movemos. Juntamos la tierra para olvidarnos del cielo. Ya no queremos ver el cielo. No queremos sino sentirnos cubiertos por edificios enormes, como si dentro de calles oscuras a medio día, se encontrara la transparencia. Nos afanamos como hormigas obreras y cargamos el doble de nuestro peso, todo por el dinero del éxito, por el dinero de la eficacia y por el dinero de la competencia. Creemos que el único mundo es nuestro pequeño volcán, y no nos percatamos de que pereceremos dentro de él.
Cuando pienso en el polvo, creo que no ha desaparecido nada en mí, presiento que todo mi pasado anda por el mundo en forma de polvo, polvo que recorre y da vueltas interminables a este hemisferio. Han pasado ya algunas horas de este primer día de noviembre de 2007 y esas horas se han despegado de mí en forma de polvo. Yo piso el polvo de lo que tú fuiste en Francia o en Chad, en Turkmenistán o China. Y en Francia, en Chad, en Turkmenistán o China se pisa el polvo de lo que fui. El polvo es la historia del mundo y la muestra de su eternidad.
Como hormigas, no hacemos más que movernos en el polvo. Lo ignoramos y hablamos de las mejores maneras de mantenernos puros, pero abrimos la ventana y él se pega a la humedad de nuestros huesos y pupilas. ¿Se puede organizar el torbellino del polvo? Ése es el trabajo del filósofo.
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26 Octubre 2007
Al hablarse de literatura yucateca nos enfrentamos a un gran reto. Durante décadas los nombres de Ermilo Abreu Gómez, Antonio Mediz Bolio, Leopoldo Peniche Vallado y figuras como la de José Peón Contreras, Clemente López Trujillo, entre otros, han sido un peso muy grande para los que realizan obra literaria.
Cambiar la idiosincrasia de un pueblo literario acostumbrado a la poesía amorosa, a las obras narrativas con paisajes urbanos y rurales, así como textos tratados literariamente pero donde el tema principal son leyendas, historias que en voz de la comunidad se ha propagado con los años e inteligentemente trascritas por lustres escritores, es un reto difícil pero que ya desde finales del siglo XX –hablo de los ochentas y noventas-, se inició a contrarrestar con un movimiento de ruptura con este tipo de trabajo literario. Así, hoy se tienen diversas voces poéticas, narrativas y dramatúrgicas en Yucatán, que nos hacen iguales (o quizá muy diferentes) al resto del país y del mundo con respecto a la creación literaria.
Pese a las críticas de los conservadores porque, -aunque en pleno siglo XXI, todavía existen personas empeñadas a quedarse rezagadas en el terreno de la literatura, grave error sin duda-, ha surgido una nueva generación de literatos. La formación literaria no es algo que se deba tomar a la ligera. Hay muchos que escriben pero pocos que se comprometen con las letras, la cultura y el arte de su entorno.
Gracias al movimiento surgido desde los ochentas y noventas hoy en Yucatán se cuenta con una revista literaria que es orgullosamente reconocida por el extenso país de México y en otras naciones, me refiero a Navegaciones Zur que el pasado 2 de octubre cumplió 14 años de estar circulando, y que este año se congratula a dar luz a su número cincuenta. Ningún otro portavoz de literatura en la entidad ha logrado lo que éste, (solamente lo consiguió una revista de temas mayísticos).
Debo confesar que en nuestro estado, en la actualidad, existe una gran tradición literaria, pero no todo es lo que aparenta ser. Aquellos conservadores se han encargado de despreciar las nuevas –y ya no tan nuevas- tendencias literarias, argumentando que se trata de palabras sin sentido y sin sentimiento. Si explorar el lenguaje, estar en la constante búsqueda de nuevas propuestas literarias es no tener sentido y sentimiento literario, pues que sigan pensando así, no obstante, los que creemos en lo mencionado anteriormente, tenemos la firme confianza de que nuestra obra será para la posteridad y no para la moda o satisfacer intereses de otros.
La permanencia literaria de yucatecos en el resto del país y el extranjero se ha debido, en gran parte, por quienes antecedieron el inicio de este siglo; un grupo de escritores nacidos entre los 50s, 60s y 70s y que hoy con su constancia y trabajo se han colocado en diversos foros del orbe; ejemplos son muchos: Jorge Lara Rivera, Melba Alfaro Gómez, Luis Alcocer Martínez, Roger Metri Duarte, Fernando Muñoz, Óscar Sauri, Reyna Echeverría Bobadilla, Francisco Lope Ávila, Carolina Luna, Saulo de Rode, Carlos Martín Briceño, Will Rodríguez, entre otros. Éstos han alimentado a la actual generación de jóvenes creadores que comienza a despuntar sus luces literarias cargadas de intención: basta con citar al taller del Centro Yucateco de Escritores A.C. y a sus integrantes, mismos que han ganado reconocimientos locales y nacionales, becas estatales y del país, sus nombres circulan en la red internacional de comunicaciones y han creado sus propios grupos de intercambio intelectual como la Catarsis Literaria el Drenaje, en que se agrupan los más jóvenes. Sus libros, y el trabajo literario que han desarrollado, visible en páginas de diversas editoriales y revistas del país, es la prueba más contundente de la permanencia literaria de los yucatecos en el inicio del siglo XXI.
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25 Octubre 2007
Aún abierto me voy como una pluma al aire
y no me responden las piernas en la noche cabra
ni la indómita caricia porque no me perteneces
¿me perteneces?
¿me has pertenecido con tu constante búsqueda de nuevas voces?
¿nuevas bocas y barbas?
¿de nuevas caricias que te adulen la idolatría reflejada?
¿de tiempos negros en que te sacias de semen y vida nueva?
¿qué quieres de mi?
¿a qué has venido?
Si ya no me tientan tus muslos ni tu cabellera
Porque estoy roto por dentro
roto como la concha que ya no se describe
y no da vueltas en sí misma
como espiral de la amargura
Es la herida un picotazo en los pulmones del cáncer

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