Nada se nos podrá escapar ya de la piel
nada que nos quede del respiro desbocado
una luz ha perdido el memorial de sangre
en el océano de mi cuerpo imaginario:
Cada tarde los oleajes repentinos
dejan su huella con el aire de tus manos
una voz enrarecida sigue su polución como destino
ese humo que abandonan tras de sí los barcos.
Mira el ordenamiento que dejan las mareas
sobre la playa unificando su sargazo
manto voraz inundado de cadenas.
El horizonte es una súplica de hallazgo
una razón para tornar a ti la espera:
volver para sanar el estallido del hartazgo.

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