De niño me enterré un lápiz en la mano. A los dos meses aparecieron letras debajo de la piel. Las fui arrancando con la navaja de mi padre y las guardé bajo la cama.
Fue hasta la secundaria cuando lograron extirparme la punta de carbón, y se me escapó el habla. Busqué en mi escondrijo, solo hallé los restos enmohecidos de las letras. Escribo para recuperarme de esta invalidez...

La Catarsis Literaria El Drenaje se reúne los viernes a las 6:30 de la tarde, en la Biblioteca Pública Central Estatal Manuel Cepeda Peraza de la ciudad de Mérida, Yucatán.
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Hola Adán, me gustó mucho tu texto, es una muy buena muestra que de lo bueno poco.
David López A.