Sobre las pláticas en los pasillos

Existen tres clases de morbosidad en los centros de trabajo (chismes de oficina) que nos pueden llevar a distinguir peculiaridades ya masificadas en las personas, esto según su morbosidad favorita. Las presento a continuación.

  1. La morbosidad de los muertos

Consiste en aquellas pláticas en que el fin último, es que el interesado reconstruya las sensaciones del emisor, para generar una realidad paralela donde el muerto (receptor) siente que vive. Generalmente recurren a este tipo de vouyerismo, personas tele-dependientes y seguidoras del cine gringo. También son estas personas las que gustan de mirar la sangre de los accidentados por largo rato y decir; Dios mío, Dios mío, ésta gente nunca aprende.

  1. La morbosidad productiva

Identificamos a los practicantes de esta morbosidad, en personas que verbi gratia, cuando llegan al trabajo y van a saludar a sus vecinos de cubículo, en lugar de decir buenos días, dicen; dime, ¿cuáles son las últimas posiciones que has experimentado?

La morbosidad, este derecho inconciente y aceptado implícitamente en todos nuestros actos de comunicación, es productivo en tanto radique en un intercambio de experiencias y resolución de problemas. Siempre y cuando cumpla con su característica primordial de ser detallista y de causar la reconstrucción de la experiencia. Los aficionados procuran también dedicar parte de su tiempo a la observación de mujeres con escote, minifalda o invidentes en las avenidas y demás, ya se sabe, para poder llevar a cabo comparaciones inconcientes que forman la idea que él (coleccionista de detalles), tiene de la mujer, el hombre, la sociedad o viceversa. Todo esto, cabe acotar, a pesar de que permite que los individuos categorizen gran parte de la información que les llega, es simplemente productivo, porque permanece en el inconciente. Y hasta cuando se hace uso de estas categorías, esta mujer es una puta, por ejemplo, el individuo retoma su vida de morbosidad productiva sin toma de conciencia.

  1. La morbosidad lucrativa

Simiente básica de todo creador (trabaje en una oficina o en un barrio chino). Tal vez debamos de partir de esta pregunta:

¿Qué sería del arte sin la morbosidad?

Alguien me dirá que no sólo el arte se alimenta de esto, y no.

En primer lugar, la diferencia entre la morbosidad lucrativa a la morbosidad productiva, es que esta se queda en el inconciente y aquella genera productos con los cuales adquiere un provecho.

¿Será morbosidad sentarse a ver como una niña de nueve años, muerde el lápiz y juega con su cabello mientras intenta resolver los problemas matemáticos (con las piernas pequeñas y sin senos) que le dejó su maestra?

Para bueno, llegar a la conclusión de que se necesita problematizar a los niños, más en aspectos reales, más en situaciones que los afecten directamente, que con conceptos abstractos.

Detrás de todo pensador hay un morboso innato.

Cuando alguien quiere conocer la vida de otra persona, cuando alguien se detiene para ver como una mujer llora, como un gordo se seca el sudor mientras habla, cuando nos deteneos a examinar discretamente las arrugas de un anciano, o intentamos retener los olores del tranvía, y esto, desemboca en un cuento, un cuadro, una fotografía, un ensayo, una novela, la morbosidad es lucrativa.

Termino aquí los apuntes breves sobre esta sana y recomendable actitud de todo ser humano. Ojalá no muchos de nosotros resultemos ser de los muertos, y alguien decida retomar, el color de la axila de una mujer obesa, para dar un paso.