Todos tenemos un océano por dentro

algunas veces habla en el silencio de la boca

O se deja escuchar en el rumor de los cabellos sobre la espalda

El mar que nos habita se prolonga en otros cuerpos

a veces es oleaje transparente y sin espumas

algunas noches se convierte en un desierto

Golpea la piedra, brama en desvelos sin luna

Es el golpe en la playa, los peñascos y los arenales

nos da la infinitud de su horizonte

preña las honduras con su aroma

ysu vaciante nos llena de zargazo

Todos tenemos un abismo en el horizonte

marinas pobladas de islas desiertas

algunas tienen nombre y otras las bautizamos

en el insomnio

Nuestros océanos tienen historias de naufragios

erráticos navíos semi ocultos en la bruma

contadas a la almohada mojada por el sueste

y un poco de su brisa toca la frente en la mañana

Andamos en el mar con miedo

a irnos en esa inmensidad que nos reclama suyos

caminamos descalzos como reconociendo nuestro cuerpo

sobre la arena, como en otras playas, otros océanos

(Algunos llegan a ser bahías cálidas

los hay de oleajes ávidos,

en espera de la costa para absorber sus aguas

los hay quietos y solitarios con forma de ensenada)

Acaso los ríos le hablan a ese rumor de nuestros corazones

Por eso agolpan la sangre y fluye la sal del interior

Hay mares como hombres y mujeres

sin cartas de navegación ni brújulas

Una vez conocí la marina de otro cuerpo

su única isla era selva de eterno verano

un río horadaba sus abismos

navegué a su horizonte

y fui a dar en la hondura de sus formas

Un norte me dejó el frío sabor al abandono

el vaho de sus rumores alejó la playa

y la unión de nuestros miedos
hizo del océano un desierto de aguas profundas

Venga una felicitación sincera (y de algarabía) a la compañera poeta Argentina Casanova por haber sido recipiendaria del Premio de los Juegos Florales Nacionales 2007 convocados por la Universidad Autónoma de Campeche. ¡Felicidades!