El amor a primera vista
Una mujer me contó que tenía una vida tranquila y casi arreglada (un novio, la familia, la escuela) y que por una circunstancia casual, estuvo en contacto con un hombre que, al momento de verlo, supo que todo terreno estable, había concluido.
En la literatura, es imposible dejar de encontrar el amor a primera vista, o como diría Ibn Hazm de Córdoba “Sobre quién se enamora por una sola mirada”. Concerniente, encontramos en
El amor, tanto en la literatura como en la vida, debiera ser una cuestión de fuerza, no de lucha. Cuando se avivan los sentidos ante el contacto de la figura amada, uno tiene que poder encontrar la esencia dentro de la figura, reconocer la cocidad, conocerla y sólo después de eso, amarla. Lo primero es un juego de sentidos; la impresión y sensación de placer ante la belleza. La fuerza logrará poder asimilar esa impresión sin quedarnos nada más con ella, sino contar con la voluntad suficiente para redondearla y abrirla hasta lo más profundo y suavemente; esto sólo puede ser por medio de la comunicación y de la suficiente entereza para dar.
Si permanecemos en el placer que resulta de la contemplación del “amado” y todas las variables de esto, es decir, si amamos con superficialidad, no lograremos más que tratar con un objeto. Fromm nos dice en “El Arte de amar”, que: En una cultura en la que prevalece la orientación mercantil y en el que el éxito material constituye el valor predominante, no hay en realidad motivos para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas sigan el mismo esquema de intercambio que gobierna el mercado de bienes y de trabajo.
No podría mencionar, como el autor de “El collar de la paloma” que existe amor a primera vista, pero sí, enamoramiento.
Antes de continuar dentro del tema, quisiera hablar sobre este libro apenas nombrado. Pues bien, “El collar de la paloma” es un tratado sobre el amor, escrito en el s. XII, en medio de perturbaciones sociales y cambios vertiginosos,circunstancias tanto de otrora, como denuestro ahoray, sobre, estoy segura, del mañana, justamente como el amor.
Como punto básico y de partida, Ibn Hazm de Córdoba, nos habla sobre la esencia del amor. Existen para él, diferentes formas del amor, o suertes del amor, tales como [...) el amor a los parientes [...) el que se debe a un acto virtuoso que un hombre hace con su prójimo; el que se basa en la codicia de la gloria del ser amado; el de los que se aman porque coinciden el la necesidad de guardar encubierto un secreto; el que se encamina a la obtención de un placer y a la consecución de un deseo[...).
Ninguno de estos casos son de manera propia “el amor” porque padecen los accidentes de los objetos, así que ese amor disminuye y crece y puede, además, desaparecer. Para el autor, la esencia real de este asunto no puede crecer o decrecer porque no es un objeto, sino una cualidad.
Ibn Hazm cree que son las afinidades las que construyen el amor, y hablo de construcción porque me parece que toda relación es una disposición al cimiento, a la comunicación y comprensión que nos llevará a colocar la base, para que después, por medio del respeto y entendimiento de las diferencias y afinidades, se elabore el castillo.
No es mi intención, en el presente trabajo, hablar sobre la vida de este escritor Cordobés. Porque podemos leer para esto a Emilio García Gómez. [1] Sin embargo doy, algunos datos necesarios, antes de continuar.
Ibn Hazm de Córdoba, nace el 30 de ramadán del 384 o el 7 de noviembre del 994 de nuestra era.
Detrás de la realización del libro que nos preocupa, obra que el autor, elabora a los veintiocho años, hay una familia ubicada en el poder, pero alimentada de engaños a causa de sus antecedentes cristianos que debía disimular. Hay una niñez atravesada por los rubores de las mujeres del harem; telas, cepillos y libros sagrados. Una juventud entre "amistades particulares". El ímpetu de la ruptura, el hartazgo de la linealidad, la búsqueda de un muro que sucumba después del verso y el estudio. Existe una revolución, una familia como un árbol cortado por el hacha y que al definir la caída, se alarga de dolencias. Emigración, complot, cautiverio, asilo y collar de la paloma.
Después de este libro, hay un [...) gigantesco esfuerzo intelectual [...) la aterradora cifra de 80.00 folios escritos de su mano, formando 400 volúmenes.[2]
Regresemos. Dentro de la tierra fértil, cae una semilla. Que las lluvias lleguen a tiempo, que la planta no sea devorada por insectos o pájaros, que el árbol crezca, y sea regado, y se llene de frutos; es otra cuestión. El primer momento es el enamoramiento, lo demás es el camino al amor. Y caminar ese sendero, también es amor.
Hay que dar paso al conocimiento del alma de la persona. Como Ortega y Gasset nos dice “No se trata de que coincidan las ideas, sino las vidas.” Aquí está la esencia del amor y no debe confundirse con [...) la experiencia explosiva de "enamorarse" [...] ya que [...] tal experiencia de repentina intimidad es, por su misma naturaleza, de corta duración.
Para poder amar a otra persona, debemos sabernos su igual en esencia. Debemos poder respetarnos y amarnos a nosotros mismos, para poder salir al mundo y encontrarnos, en esencia, iguales al mundo que nos rodea. No se trata de un igualdad de estandarización, sino una igualdad como seres humanos.
Barthes nos dice en “La dama de las camelias” que: La diferencia de amores proviene sin duda de una diferencia de lucidez: Armando vive una esencia y una eternidad de amor; Margarita vive conciente de su alienación: se sabe y en cierto sentido quiere ser cortesana. [...] la conducta de Margarita proviene de su condición, no de su esencia [...]. [3]
El amor, entendido por Fromm, logra que nos unamos a otra persona y superar el aislamiento; de esta manera, superarnos a nosotros, porque el amor permite reconocer nuestra integridad, es decir, conocernos.
I
Fue la primera en llegar a la sala. Era un sitio cerrado. La luz pegajosa hacía que el calor zumbara en las paredes. Dejó su libreta y las copias de un texto sobre una mesa rectangular y cubierta por un mantel de plástico. Sintió su espalda húmeda al contacto de una silla acolchonada y marrón. Se sujetó el cabello y prendió un cigarrillo mientras intentaba recordar los versos de “Piedra de sol”, para aligerar la espera.
Él entró a la mitad del cigarrillo, llevaba en la mano, “La estación violenta”.
-Soy Adán.
-Soy Eva.
Ella había decidido no salir aquel sábado con su novio. La iniciativa de ponerse a trabajar en lo que llamaba su literatura, era más fuerte que cualquier tarde con aire acondicionado y moka frapé. Pero en ese momento, con la sala cerrada y las paredes que parecían sudar, [...] su corazón, que todo el año había funcionado a intervalos precisos y regulares, da un brinco y empieza a palpitar violenta e irregularmente dentro de su pecho.[4]
-¿Quieres un cigarro?
-Tengo un bebé de cuatro meses..
-Bien.
A los dos se les enfriaba el pasado y en el presente las manos sudaban. Llegaron los demás integrantes del taller y se comenzaron a leer los textos.
· Sobre la correspondencia
Hay en el escribir cartas un placer dado por el descubrimiento que hace de sí (como rasgo de un movimiento que parte del amor) el amante frente al amado.
Se escribe para reconocerse a uno mismo, de manera conciente o inconciente, y en este caso, reconocerse en el amado, en las sensaciones que provoca evocar y dedicar algo al amado. El amado provoca en la soledad del amante, un amasijo de sensaciones que por medio de las pinzas de la palabra, pueden desdoblarse en oraciones.
Cuando digo las cartas, entiéndase los correos electrónicos, que son lo que más se aviene a esa ya casi extinguida usanza. Lo cierto es que son las palabras, en donde la caricia se prolonga, pero no sólo en ellas. Hay que ver el mensaje, detrás, delante, debajo y sobre las mismas palabras.
A veces se dice Te extraño, otras Te pienso, y más acertadamente, Te encuentro aquí, no te has ido. Una persona que vive el amor, debería optar por esta última, porque el amado no es una presencia física, sino la unión de las esencias.
En el momento en que Ibn Hazm de Córdoba nos habla de la correspondencia, sabemos que la utilidad de la misma, fue del todo distinta a la que le dieron nuestros abuelos y a la significación que tiene para nosotros, seres de la mediocre posmodernidad mexicana, hecha de computadoras caducas y ciber cafés.
Nos dice el autor que [...] la carta [...] sirve de lengua al amante, cuando éste se encuentra impedido para hablar o sufre sonrojo o timidez. Y esto nos conduce a la expectación. La respuesta es lo que espera el amante, y mientras esto ocurre, repasa de forma mental, cada línea escrita. Puede encontrar palabras que hubiera deseado no escribir, o que se alegra de haber encontrado. Lo cierto es que el hecho está consumado y solo queda esperar.
II
Octubre
Adán
Ya no podré dejar de ser Eva, mirarme si no es a través de esos ojos cafés que son las lindes de este cuerpo, este cuerpo que no es más que la prolongación de tu grito. Amor, el día se pone gris y mi cabello es una luna; la boca un palpitar que se muere sin tu sombra; siembras a cada instante tu aliento en mis nudillos. Quiero que ese tu olor de atardecer marque mis pautas y clavículas. Amor, vámonos a morir sobre las calles, vámonos a romper ladrillos y subir sobre la palabra. Sé que estaremos siempre juntos porque ya no puedo permitir que otro cuerpo se apodere de mi voz, que otra mente ansíe penetrar por mis manos hasta la mansedumbre. Toda mi laxitud y fortaleza no son nada si no puedes mirarme con ese tu rostro perdido en las edades, en este tiempo que no es ni tuyo ni mío. Nos hemos anclado el uno al otro. No me deshabites en este mar de polvo y ventanas de metal, no me deshabites en esta marea de astillas y la inmovilidad del árbol. Se mi raíz, mi marea roja y la falta de conciencia, se mi conciencia clara y terquedad.
El intercambio, es inherente a las relaciones humanas.
El Cordobés nos cuenta de una pareja que al escribir sus cartas, mezclaban tanto sus lágrimas como su saliva y de esta manera sentían que permanecían ellos en las cartas. Y aunque Fromm nos diga que Los autómatas no pueden amar, pueden intercambiar su <<bagaje de personalidad>> y confiar en que la transacción sea equitativa. Rattner escribe que Debiéramos tener el valor de afirmar que el amor no es “desinteresado”. Es un interés cordial el que nos infunde la simpatía para con un Tú. Pero esto debe partir de un presupuesto de conocimiento y amor a uno mismo, para que el intercambio no sea una exigencia u obligación, sino un placer. El Yo encuentra que su felicidad es dar a un Tú.
· Sobre la ruptura
¿Existe la ruptura en el amor? No. El amor permanece trenzado a la personalidad del amante. Esto es así, porque el tema que tratamos, lleva implícito en su desarrollo el crecimiento de la persona que lo vive, y este crecimiento es la consecuencia de alimentarse del amado y con el amado, por lo tanto; cuando por diversas circunstancias ellos deben separarse, la vida del verdadero amante, estará, por decirlo así, intoxicada para siempre por la del amado. Jamás te recuerdo, porque nunca te olvido, dice Bunbury.
Ibn Hazm narra diversas circunstancias que llevan, en su opinión, a la ruptura. Yo llamaría a esto, diversas situaciones que producen la lejanía.
Veamos lo que en relación anuncia el escritor Cordobés.
a) PARA GUARDAR DE
El enamorado vive al borde de la recreación de la persona amada o padece la pasión. El amante se topa con el amado en cada accidente de la cotidianeidad. Se le confunde con cualquier transeúnte, se piensa en él durante la comida, durante la música, en la lectura, debajo de la regadera y de la noche. Esta sensación es una de las que más nos une con el amado, porque no orilla a interrogarnos sobre cada actitud de él, de nosotros frente a él y de esta manera, se provoca una cercanía más fuerte. El amor implica conocimiento; de uno mismo, de lo que nos rodea y del amado. La lejanía para escapar del espía, anuda a los amantes.
b)
Esta es una estrategia que no ha sucumbido al paso del tiempo. Se puede hablar de la característica (innata o educacional) del hombre, como ser cazador. En realidad es mucho más que eso. Somos seres primitivamente posesivos, deseamos lo que no tenemos y en este caso, al amado. El amado por su parte, desea constatar la constancia del amante, y mucho más; desea medir su poder y encontrar qué tan valioso y significativo es él para el amante, por eso busca ser perseguido. A lo largo de la vida, el ser humano desempeña casi invariablemente, los dos papeles, pero nada de esto es el amor, sino como he dicho: enamoramiento.
El amor tiene que superar la idea del objeto amado, y encontrar la esencia. Es entonces cuando la caza llega a su fin. La unión de las esencias es una búsqueda que implica voluntad, no persecución. Se ama aquello por lo que se trabaja, y se trabaja por lo que se ama. Escribe Erich Fromm. Y Paz dice en “Máscaras Mexicanas” que [...] pocos coinciden en la entrega y más pocos aún logran trascender esa etapa posesiva y gozar del amor como lo que realmente es: un perpetuo descubrimiento, una inmersión en las aguas de la realidad y una recreación constante.
III
[...]entran en el amor paso a paso, con aturdida conciencia, como un par de niños que se aventuran juntos en un cuarto oscuro.
Hubo hotel con camas gemelas, e hileras de cigarrillos que colgaban de un calendario en el cuarto de Eva. “Es que quiero ser alguien”, le decía a su novio mientras se tomaba unas pastillas para el dolor de cabeza y se despedía de él, en la pequeña sala con cuadros familiares, para que pudiera encontrase más tarde con Adán.
Mientras la esposa de éste cuidaba que la leche estuviera tibia, y que el niño no llorara cuando Adán se encontraba frente al conmutador.
Un domingo (día que los amantes dedicaban a sus familias), Eva quiso ir a la plaza de la provincia, sola, entre los niños y payasos. Se detuvo ante una improvisad galería, en donde el pintor exponía cuadros de puertas, de colores oscuros y sombras triangulares. Vio acercarse a un niño que parecía dar sus primeros pasos. Un niño cuyo rostro ella había acariciado sobre plata gelatina. Retrocedió. Quiso estar entre los cuadros familiares y al volverse vio a Adán de la mano de su esposa; una mujer delgada y difusa contra el repiqueteo de las campanas de la catedral. Él pareció no verla y ella se alejó.
“¿Qué te pasa niña, que no ves el semáforo?”.
Noche y hotel de camas gemelas. Cada uno leía a Emily Brontë y ambos detuvieron la lectura en el momento en que Heathcliff decía ¡No puedo vivir sin mi vida! ¡No puedo vivir sin mi alma!
-Adán, me voy.
-¿Por qué?
-Quiero estar tranquila.
-¿Para siempre?
-Sí.
-De acuerdo.
c)
[...] Amar no es descansar uno junto al otro, sino una lucha amante y una superación de los conflictos para lograr una unidad que debe conquistarse cada día[5]. Deberíamos comprender que el amor, no es vivir en el país de la leche y de la miel, sino una confrontación con uno mismo y el amado, para subir por las escaleras que los harán uno, y dos.
Ninguna relación que se jacte de verdadera puede verse liberada de percances, pero si dichos son superados, entonces se obtiene de la disputa un conocimiento nuevo y por lo mismo, placer. Paul Ricceur en “El mal” puntea que [...] algo tiene que morir para que nazca otra cosa más grande. En este sentido, la desgracia está en todas partes, pero en todas partes superada, en la medida en que la reconciliación prevalece sobre el rompimiento.
d) EL HASTÍO
Nos encontramos en “El collar de la paloma” que: El hastío es una de las cualidades innatas del hombre. Y me preguntaría ¿Es el hastío un característica de un ser que ama? No.
El hastío incapacita para conocer el odio o el amor, por lo tanto, impide ser un amante, si acaso se puede ser un mal amado. Y muy probablemente un ser angustiado, que no se acerca al amor, por miedo.
Si el hastío es la carencia de estímulos que nos hagan vivir el amor más allá de los cinco sentidos, no puede decirse, sino que esto es producido por una coraza creada a causa de la falta de relaciones amables, o desilusión ante ellas. Porque Todos los hombres solitarios y aislados no han podido en su mayoría aprender [...] a vincularse con otros hombres.
No puede existir entonces una ruptura a causa del hastío, sino una imposibilidad para amar y ser amados, con toda libertad, sin miedos y entendiendo que el amor es un poder que produce amor.
e)
No recuerdo bien esta frase, pero en algún lugar leí que el odio es como un huracán; llega, destruye y se va. El amor sí es eterno, pero cierto que no odias a alguien que no te ha tocado y que no ha compartido contigo parte de su vida. Mientras más fuerte es el amor, es seguro que más destrozos dejarán los vientos. No quiero extenderme mucho en esto, y no porque pueda decir que no he odiado, eso sería por entero falso. He odiado, he tenido ganas de matar, ganas hasta de destruir los antepasados de mi amante, pero ahora no recuerdo esas sensaciones y por lo mismo, será difícil que hable de ellas. Cuando el odio pasa, queda en su lugar el reposo del amor, en donde se encuentra la esencia de la persona amada.
· Sobre el olvido
IV
Estaban siempre detenidos y se miraron desde lo más profundo de un café, donde las meseras eran personas que sabían que ellos eran uno, mientras se secaban el sudor con pañuelitos rosa.
-¿Quieres regresar conmigo?
-Sí, pero tengo frío.
Y afuera los consejos resbalaban antes del baño. Los huesos más que chocar, danzaban una penetración sin goznes ni luz apagada.
Se levantaban en camas alejadas. Desayunaban cereal o las pestañas del amante rescatadas de algún recuerdo. Y, permanecían divididos como una ciudad atravesada por las sogas para tender la ropa. Porque él abría el refrigerador en una casa extraña para ella, y ella recibía una visita con manos, falsamente tibias. Y ahí se encontraban los espejos borrosos.
Vemos en el Eclesiastés: Un tiempo para nacer y un tiempo para morir. Un tiempo para esparcir piedras y un tiempo para recogerlas. Un tiempo para amar y un tiempo para odiar. Y el escritor de Córdoba señala que [...] todo amor ha de terminar por una de estas dos cosas: o porque la muerte lo interrumpa o porque venga el olvido.
Este olvido del que nos habla el autor, no es más que la falta de lucha; cobardía para hacer del amor un animal vivo, un espíritu que respire y se eleve. En cualquier circunstancia en que se encuentre presente señalado caso, puede deducirse que no hubo amor, porque si alguien cambia y en verdad crece con el amado, se vuelve un Tú, sin dejar de ser Yo. Así, el desierto del olvido es inasequible.
Dónde hay olvido no hay amor. Y olvido no es lejanía, es resequedad del espíritu.
El olvido por resignación, tampoco es olvido, sino llanamente, resignación. Si el amante, a causa del rechazo, decide alejarse del amado, a pesar de todo, permanecerá el amor, por el amor mismo (amo porque me alimenta amar, no para que alguien me ame). Pero recuérdese a Octavio Paz: amar es combatir, es abrir puertas. Cualquiera que se diga amante, sin haber luchado, no lo es ciertamente.
V
-Me voy.
-¿Por qué?
-Quiero estar tranquila.
-Quieres estar tranquila... lucha conmigo.
-Me pides que luche contigo... y te quedas sentado viendo como me despedazo.
-...
-...
Habían visto como la luna se desinflaba detrás de los cuartos que daban al mar. Robaron juntos algunos libros de las bibliotecas empolvadas y al salir corrían a las esquinas rotas por el sol, mientras Eva colocaba la mano derecha sobre el sombrero azul para que no se le fuera a caer, y con la mano izquierda le apretaba la mano a Adán, y él corría a su lado, sin dejar de ver como el cabello castaño de Eva, se le pegaba a las mejillas. Entonces se detenían agitados, lejos de la biblioteca asaltada. Se apretaban uno al otro y se besaban los párpados. Le pusieran su nombre a un café que ya no era un café cualquiera, sino el Evadán, y se hacían heridas cuando se bañaban juntos, apenas acariciándose.
Sólo donde hay inmadurez, hay olvido. Dónde los amantes más que buscar el amor, buscan el reconocimiento. Sólo hay olvido donde hay limitaciones de condición, donde uno, que cree conocerse: no deja de jugar roles y papeles: estudiante, novio, empleado, esposo, novia, madre, trabajadora. En lugar de asumirse como ser humano, capaz de romper estereotipos y asumir la vida. Las relaciones que no logran esto, se encuentran infladas de una carencia de valentía, falta de cuidado y responsabilidad.
A fin de cuentas, en este trabajo lleno de múltiples insuficiencias, sólo es rescatable la idea del amor, como una fuerza que devora las debilidades y nos hace conocer y reconocer, el mundo.
[1] En Alianza Editorial. 1971. Encontramos una introducción a “El collar de la paloma”, por este autor, en donde se nos describe de manera completa, la vida y circunstancias de Ibn Hazm de Córdoba.
[2] Ver
[3] Ver Mitologías. Roland Barthes. Siglo veintiuno editores. 1980
[4] Ver Del enamorarse de Robert Louis Stevenson. Ensayistas Ingleses. CONACULTA, 1992.
[5] Ver Psicología y psicopatología de la vida amorosa. Josef Rattner. Siglo XXI editores. 1966.

La Catarsis Literaria El Drenaje se reúne los viernes a las 6:30 de la tarde, en la Biblioteca Pública Central Estatal Manuel Cepeda Peraza de la ciudad de Mérida, Yucatán.
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