Jorge Lara Rivera
Quizás por el milenarismo suscitado con la proximidad del siglo XXI, tal vez por la ansiedad que, se adivinaba, provocaría en lo cotidiano la vertiginosidad que la tecnología infoeléctrica exponenciaría a su mismo horizonte y por los cambios que iba a imprimir al rumbo de las cosas, desde los noventa liminares del anterior y con mayor acento en esta primera década de aquél, en Occidente la gente dio en querer guardar las señas distintivas, hacer los trazos primordiales, anotar los contornos y perfiles identitarios; cartografiando el precario sitio donde se deslizaba su existir.
Si bien levantar mapas y registros topográficos de la más varia índole es una antigua pasión humana que obedece a un reflejo comunicacional, una necesidad individual y luego social de compartir los hallazgos y por prevenir a otros sobre los riesgos, asegurando la continuidad en la larga edificación del patrimonio de la humanidad; pero en la época referida se convirtió así, en casi una urgencia para la contemplación de los sucesos y los hechos; hacer el registro de las cosas devino en fundamental quehacer social. Fue, por decir lo menos, una era de viaje inmóvil y también de descubrimientos insospechados.
En los campos estéticos este impulso de registro e inventario tuvo su propio furor pues contribuyó a realizar un esfuerzo memorioso, un despliegue de afanes compiladores; pero también a emprender una tarea de imaginación por comprender mejor la actualidad del Arte, de tal modo que expresiones dispersas hasta entonces quedaron agrupadas y reivindicada su pertenencia en alguna de las manifestaciones de aquél.
No ha sido la literatura excepción de esta marea investigativa predominante y sus frutos admiten reordenación y reclasificación, pero también el descubrimiento y la valoración de los rescates del naufragio amnésico que conseguiría.
Sin duda, en ese fluir de los acontecimientos se ha contado también con la participación de los exploradores e investigadores del Arte en nuestro país, favoreciendo la realización de censos y publicación de sus resultantes mediante antologías y selecciones para esta nueva era de descubrimientos y nombradías.
La pertinencia y los impulsos de la memoria que aprovecha los recursos tecnológicos es quizá lo que de pronto abruma a algunos por su poder vertiginoso, mientras entusiasma a los más para ir en pos de la aventura, del mapa del tesoro..
Impecable en su proceder indagativo, su curiosidad generacional y sus anchas ambiciones de enunciación de la realidad vasta e inaprehensible, ante los ojos de quien busca caminos, rutas, atajos y vías entre los formidables laberintos del presente se despliega esta suerte de carta de navegación minuciosa de tiempos y sensibilidad, opulenta de cifras y mensajes, ya en voz y en letras, atenta a la actualidad elusiva.
Para los días guardados y de nubes bajas la lectura de este Mapa Poético de México resulta una vía de liberación inmejorable.
Si bien el proyecto original se inscribe en la contemporaneidad más actual por su tema y los recursos técnicos de que se vale, ante el saber de su procedencia, su motivación, se hace inevitable remitirse a los días originarios del mito, donde la mirada inteligente humana puso orden en el cosmos, estableció categorías y, estimulada por las caprichosas rugosidades, pausas espaciales, y texturas, delineamientos de la tierra y del cielo, adivinó formas en las nubes y las rocas, en las sinuosidades de ríos y acantilados para legarnos la nomenclatura de las constelaciones, de manantiales y montes, de abismos y cavernas de maravilla, registrando las temporadas de luz, de ventolera, los intervalos de recurrencia de marismas o marejadas y los poderes terapéuticos de la floresta, la riqueza nutricia de plantas, animales protéicos y piedras semovientes, y los ritmos cotidianos del trabajo y la fiesta como señales esperanzantes para los que habrían de venir y hemos llegado.
El presente Mapa Poético de México, un proyecto generado por Adán Echeverría García, a quien secundara Armando Pacheco Barrera, sus inmediatos colectivos (El Drenaje Literario y Letras en Rebeldía) y el Centro Yucateco de Escritores, A.C., constituye por su parte una afirmación de tal tendencia, con la peculiaridad de representar un aporte de gran valía, no sólo para la comprensión y valoración de expresiones disímbolas emergentes en el campo de la creación literaria de autores del presente, sino para el llamamiento más actual a la vocación en proceso, el cual viene generándose entre los novísimos practicantes del arte poético.
Desde el 2007 rondaba la idea a su autor. Aun con el auxilio de la tecnología y la buena voluntad de los poetas le llevó casi un año concretarla. Era tan vasta. En el camino fueron sumándosele algunas voluntades solidarias a la labor para algún dato o detalle. El proyecto culminaría en el verano de 2008. En su versión CD se ha presentado ya en Chilpancingo, Guerrero; en la Feria Internacional del Libro de Aguascalientes, en la Universidad Autónoma de Mexicali, y la Casa de la Cultura de Tijuana, en Baja California; en la Feria del Libro de Monterrey. Aunque suene raro, por razones de agendas institucionales sólo hasta la semana pasada lo hizo en nuestra Universidad Autónoma y hoy en la casa colectiva de todos que es Mérida, en su Yucatpan originario. Lo hará en breve en Comitán, Chiapas. De todos modos, cabe decir que desde entonces (el verano) la versión electrónica apareció en el espacio virtual, pudiendo consultársele en la base de datos del Sistema de Información Cultural (SIC) del Conaculta, así como en sitios y portales prestigiados de España (Eldígoras), Argentina y Estados Unidos.
El proyecto es, en sí mismo, ambicioso y rico en posibilidades; está signado por la apertura y la frescura y provee suficiente información como para hacerse una noción bastante completa del entorno literario en que la creación contemporánea discurre, y de sus vertientes. Lo mismo al constatar la vigencia de formas consagradas que al admitir e ilustrar sobre búsquedas nuevas o retomadas de otrora callejones sin salida de la experimentación formal que son llevados al nuevo límite, resulta consistente.
Con un horizonte temporal como margen (el año 1960) pero una línea abierta como sonda a la navegación sideral lanzada (al admitir en el registro creadores muy recientes –1989), y el criterio flexible para la inclusión (un premio, un libro, una plaquette, un poema en una revista literaria), las coordenadas que del cultivo de la poesía reporta lo hacen de valor innegable para comprender qué está pasando en el Arte de la Palabra en México, pero también, con su enorme base de datos, entender su vasta riqueza y diversidad, y hacia dónde se enfila en proyecciones inmediatas o de mediano plazo.
Hay aquí para el lector que gusta de porcentajes y estadísticas una veta riquísima. Po ejemplo, de los 663 autores que incluye, el 45% son poetisas. Figuran en el registro plumas galardonadas con prestigio (varios ganadores del premio Aguascalientes, el Elías Nandino, etc.) y algunas casi debutantes en el mundillo editorial.
En términos de realidad los lenguajes simbólicos que incluye aglutinan expresiones convencionales y propuestas que pueden resultar discutibles excepto en su originalidad y derroteros. Las temáticas y contenidos, era previsible, conforman universos abiertos y flexibles. Adicionalmente, Echeverría García ha querido incluir algunas prevenciones o apuntes de impresión provenientes de otros escritores (como la de Cristina Leirana, la de Melba Alfaro o la de Carlos Martín) para fijar la representación por Estados de la República de las Letras que cartografía. Una buena idea no exenta de riesgos.
En fin, que este trabajo de recuento y apuntación minuciosos resulta, no sólo llamativo por su novedad, sino verdaderamente interesante y constituye por su caudal un aporte a quienes se interesan por tomar el pulso de la vitalidad compleja y dinámica que las letras mexicanas guardan hoy por hoy. Felicitaciones.

*Texto leído por su autor durante la ceremonia de presentación del “Mapa poético de México” de Adán Echeverría García, la noche del viernes 8 de noviembre de 2008, auspiciada por la Dirección de Cultura del H. Ayuntamiento de Mérida en el Museo de la Ciudad (Ex Palacio Federal y de Correos) en la capital yucateca. En el acto participaron también los escritores Melba Alfaro, Mario Pineda, Armando Pacheco y Adán Echeverría.

En la imagen Adán Echeverría, Armando Pacheco, Jorge Lara y Mario Pineda.